Conchi Paniagua Valiente

Directora y fundadora del Centro “El Lucero”

“Cualquier cosa que puedas hacer, o que sueñes que puedes hacer, comiénzala. La audacia lleva en su seno el genio, el poder y la magia”.

~ Goethe

Nacida en Madrid el 9 de octubre de 1974, hija única de Julia y Juan, crece en el barrio de Villaverde Bajo, donde se concentra la población paya de este madrileño barrio cuando en su parte alta estaba entonces habitado por población gitana.

Aquí comienza lo que culminará en Centro El Lucero en el Barrio de las Cortes de Madrid.

Comienza con olor a claveles. Conchi Paniagua tuvo cerca, desde su infancia, los ecos del flamenco que de los poblados gitanos de la parte alta de su Villaverde natal resonaban en sus calles de juegos. Sin embargo, estos ecos aflamencados no captaban la atención de una niña inquieta y despierta que parecía, en su mirada, estar siempre buscando una esencia que sólo ella supiera que existía, pero no dónde encontrarla. Conchi, como introduce nuestro epígrafe, nació con la audacia que Goethe promulga epicentro de las grandes personalidades creativas.Escuchaba habitualmente copla en la voz de una prima que era cantaora, y en las bodas a las que su familia la llevaba también siempre algo de flamenco había. No parecía atraerle el cante ni jondo ni español que en la España de los setenta se confundían y alternaban.

El duende del flamenco no es esencial al flamenco en sí sino que se manifiesta, como los genios de las lámparas, según el entorno, el momento y el cómo se tenga por destino participar de él. La niña Conchi decía que no le gustaba el flamenco y, cuando no lo decía, lo pensaba y a la vez, le fascinaba escuchar a su tía Nati cantar a Mari Fé de Triana. El amor de su tía paterna, despertaba un duende en Conchi que ella aún no podía reconocer pero que marcaría su vida.

La semillita del duende que el cariño y el mimo de tía Nati sembró en el corazón de una niña, un día brotó en su iniciada juventud al conocer a Raúl, como amor de mujer a un hombre que la enamoró mientras escuchaban en su coche a Rafael Farina y al Grupo Barrio. A partir de aquí, la vida de Conchi va a transcurrir con un duende flamenco encaramado siempre a su clara visión de todo lo que la rodee y un hombre compañero con quien alumbrar la familia de sus vidas. Al duende, tardará aún en reconocerlo como un verdadero compañero de viaje, pero como esa cosquilla que guía a las personas destinadas a una creatividad propia, no dejará de provocarle inquietudes, imbuirle proyectos y darle empuje para realizarlos.

Las vidas creativas echan raíces, ¡siempre!, en el amor que a la vez es y engendra arte. Nuestra niña vibraba gustito con el flamenco de su tía; sentíase querida por ella con él. Mientras, en su casa no había mucho amor: ni entre su madre y su padre ni para ella. El desamor en la infancia torna abono en las vidas para las existencias de relieve, si el vivir que haya tocado en suerte se cultiva desde ese afán de superación y de ir hacia adelante que caracterizaba a esta niña; y sigue siendo rasgo destacado de la mujer del hoy.Fue buena estudiante en el colegio y en el instituto pero se detuvo en las puertas de la universidad no para estancarse sino para encontrar otro rumbo: el de Conchi, el suyo propio. El mundo, por el momento, se había perdido una brillante abogada. Hay que seguir la senda del destino de Conchi para comprobar sus planes de brillo alternativos que un duende por manifestar atesoraba.

Aún cuando nadie podía saber que se había replicado nuestro duende para Conchi, ¡ya!, Él mismo estaba creciendo en las hijas de ella con Raúl: María y Elena, hoy ya sensual bailaora con estilo propio la primera y ambas aún en formación.
El duende, antes de manifestarse en María la mayor de las hermanas Cruz, muy prontito ya, comenzó a moverse en el embarazo con deliciosas cosquillas en Conchi, cuando la madre gestante de bailaoras conoció a Nieves, por una riña de chicos,

hijos de ambas y coincidentes como alumnos de artes marciales en una escuela en la que también había flamenco y en la que María, muy chiquitina, el flamenco descubrió o a María de Conchi, el flamenco la descubrió, que el duende y la genialidad se detectan al unísono siempre.Sea como fuere, aquí vamos por el encuentro entre Nieves y Conchi que fue una amistad a primera vista. El duende flamenco les clavó esa flecha especial que tiene para las fidelidades en arte que traspasan el corazón de los humanos. Nieves cosía vestidos de faralays y para coreografías flamencas. Ambas mujeres entablaron una bella amistad que aún dura; y el duende entre ellas comienza llevándolas a colaborar artísticamente en la preparación de vestuarios para este o aquel festival, viajando como gestoras y diseñadoras a romerías… El duende del flamenco nace y comienza a crecer en Conchi como tal y, con él, en el mismísimo Rocío, en amistad y familia, conoce el gran goce de vivir que puede darse cuando el amor. Devoción y el amorTrabajo se hacen unidad a un ritmo flamenco dirigido por un duende propio ypeculiar: el duende de Conchi que aquí nos tiene entretenidas, llamando la atención a todos. El duende para Conchi, en esa complicidad con la vida que sólo él sabe ganarse, resultó tenía situadas a las amigas viviendo en la misma calle. Magias pequeñas pero cálidas que pone el duende del arte para darnos pistas de que vamos bien por donde avanzamos. Así María ya nacida y Marina hija de nieves, juntas, hubieron comenzado a bailar flamenco, para ellas y para que sus madres se conocieran, para arrancar de pleno el núcleo de esta biografía que llevará muchos años de prosperidad flamenca terminar.María ha replicado el duende directamente en un baile de excelencia con un talento sensual de los que se les dan en la tierra a pocas personas. Elena, la pequeñita de la saga Lucera de Máter Conchi, siempre de cerca de su hermana, con estilo propio anuncia sorpresas nunca vistas. Y el duende organizador, visionario y que germina y crece siempre por amor flamenco en la vida de Conchi, madre y alma máter, la llevan a participar como socia en la fundación del Centro Flamenco con la bailaora Dolores Jimenez, con cuyo nombre es apodado el centro en marzo de 2017. Se disuelve éste un año después y en la luna llena del uno de abril del dos mil dieciocho, Conchi abraza a su duende con todo su amor y determinación al fundar la Escuela de Danza y Flamenco ‘El Lucero’, dándole nombre a su duende que cayó en el suelo fértil de su alma con los cantos de su tía Nati y germinó en el amor con el que ha sido y es su gran apoyo Raúl, comenzando a florecer a esa luz ambárica y poderosa de un lucero salpicado desde la fuente de Neptuno de Madrid y precipitado en luz en calle Marqués de Cubas 25.

Así, desde entonces, Conchi dirige ese centro que crece en artes de flamenco, de danza, ofrece tablaos, cursos y talleres especializados y está siempre abierto a cualquier forma de arte que su duende, con esas cosquillas que ya Conchi detecta con gran destreza, le avisan que debe ir integrando y el cómo, incluso a través de y con quién. No hay obra de arte humana ni cúmulo de ellas, sean un cante que se pierde en el aire o una impresión que una danza nos marca indeleble en el alma o una clase que cambia nuestra sensibilidad para siempre…; no hay obra de arte humana decíamos que no necesite alma máter que la para y gestora de calidez femenina que la crie con el mimo profesional que necesite. Para ello, para vislumbrar, alumbrar y mantener iluminadas artes flamencas y con duende, Conchi creó en este espacio, El Lucero del Barrio de Cortes de Madrid, ese lugar de luz que enfoca, especialmente en estas fechas salientes de una pandemia mundial en que esta biografía se escribe, con un nuevo sentir espacial reforzado para el flamenco, para la salud del arte sin etiquetas ni apellidos, para una humanidad vital que en arte y con duende quiera hermanarse en el renovado gozo artístico del vivir.

En El Lucero hay olor a claveles al entrar, porque éste fue el primer olor de sensación flamenca que Conchi recuerda. Todas sus estancias desprenden olor a naranja y canela porque son, como si María y Elena fueran, las esencias que inspiran a la Máter de estas bailaoras y este proyecto. En estos olores, a toda alma sensible a duende, se la espera.

Barrio de las Letras de Madrid, a 5 de junio del 2020 en luna llena.Luna Genovés, Escritora de El LuceroDepartamento de Comunicación